¿Por qué tanto miedo a las hojas de reclamaciones?
Mi marido, mi hijo y yo fuimos a cenar, el 10 de julio, unas tapas a un local (cuyo nombre no quiero acordarme) junto a la plaza de la Catedral, en Barcelona.
El camarero volcó una copa de vino y me manchó el pantalón y el bolso, y no se disculpó.
Solo cuando le pregunté si me compensaría de alguna manera, se presentó el encargado, el cual se comprometió a pagarme la factura de la tintorería.
Al pedir la hoja de reclamaciones, cambió de actitud e insinuó que la copa se cayó porque se había movido la mesa.
Me sentí impotente.
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