El gordo es pobre y el flaco es enfermo

La sociedad da asco. Qué si cánones de belleza, que si estandarización de tallas, que si dieta mediterránea y dietas milagrosas. Figuras y figurines. Maniquíes. Colonias y potingues varios. Ropa de marca. Joyas y collares. Gafas de colores diferentes para cada día de la semana. Vestidos y trajes de domingo. Regalos para navidad. Para la salud y para la enfermedad. Para la alegría y para las penas.

Materialismo y más materialismo. Y mentiras y más mentiras.

Pues vaya una mierda. “Si lo sé no vengo”. Podría llegar a aceptar (con resignación) si al menos se dedicaran a hacer y deshacer sin molestar a los demás. Pero el summum es ya hablar sin tener ni pajotera idea, intentando disimular y eludiendo problemas propios utilizando falsas sonrisas fingidas y señalando con el dedo acusador al primero que se cruza en el camino para despotricar de él.

Me gustaría saber por qué “un gordo es un pobrecito” y un “flaco es un enfermo”. Y por qué un “normal es un normal”. Quizás ese “normal” es un puto violador, o un ludópata, o un mentiroso compulsivo, igual de pobrecito o igual de enfermo que un pedazo de ancho o un saco de huesos. Por qué a una persona delgada se le puede decir “qué delgado estás” sin que esto tenga ningún tipo de consecuencias y a alguien con unos kilos de más no se le puede comentar nada de su peso. ¿Quién ha pautado toda esta bazofia?

¿Y por qué sólo se habla de obesidad infantil y no se habla de que los trastornos de la alimentación se están disparando a niveles que ni tan siquiera están escritos? ¿O que ya no es solo cosa de chicas?

Claro claro, luego se llenan la boca hablando del IMC de la pasarela Cibeles, fórmula que no saben ni en qué está basada. Y lo bueno es que relacionan ese índice de masa corporal a la anorexia.

Pues pedazo de melones, que sepáis que la anorexia es una enfermedad mental, no una fórmula matemática.

Amén.


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