Rotulación en catalán, peor que la SGAE
Hace unos meses un comerciante fue sancionado con una multa lingüística.
La Generalitat consideró que el letrero de su inmobiliaria con la palabra fincas, solo en castellano, vulneraba los derechos de los consumidores.
Me pregunto cuántos consumidores de Catalunya no entienden la palabra fincas y les supone realmente un problema. Me parece que ninguno.
Cuando la gente va a una inmobiliaria lo más importante son los precios de los pisos y no si el cartel pone «finques» o «fincas». Los políticos han de suprimir estas imposiciones lingüísticas y permitir que los ciudadanos utilicen, sin amenazas de multas, la lengua que quieran.
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